dimecres, 20 de juliol de 2011

- ¡Como te estás poniendo!


Hace unos meses, mientras estaba apoyado en una máquina de café que me preparaba el desayuno, un imbécil se me acercó con ganas de fastidiar. El imbécil en cuestión, me agarró por un michelín y exclamó: - ¡Como te estás poniendo!
Independientemente de que mi peso fuera excesivo, considero una falta de tacto, una impertinencia fuera de lugar, y una carencia absoluta de saber comportarse, decirme cuán gordo le parecía que yo estaba, sin habérselo preguntado. Pudiera haberle soltado un buen exabrupto, pero semejante calaña de tiparracos-as no suelen dejarse afectar por aquello a lo que ya están acostumbrados. Es más, no merece la pena ponerse a la altura de ejemplares así. Siempre he sentido mucha aversión por aquellas personas que dicen las cosas a bocajarro, sin pensarlas, bajo el pretexto de que ante todo; uno debe de ser sincero consigo mismo, por encima de todo, y arda Roma si me muerdo la lengua.

¡Y una mierda! La gente que no piensa lo que dice, merece de todo mi desprecio.

Evidentemente no me rebajé a contestar a semejante bazofia, pero reconozco que me miré al espejo y me vi inmenso. Demasiada protección acumulada en verano para soportar el invierno, quizá las comidas familiares en Navidad, la vida sedentaria... en definitiva; que le había echado unos kilitos extras a mi cuerpo serrano.

Unos meses después, - 9,5 Kg. más tarde me veo mucho mejor. Me siento ligero, me he comido todos los agujeros posibles de mi cinturón, y por fin me siento delgado. Eso es lo que yo quería.

Y ahí empieza lo mejor. En este momento, en el que me veo con casi diez kilos de menos, me doy cuenta de la calidad de muchas de las personas que me rodean. Gente envidiosa a quienes los celos les parten el alma, quienes sienten desprecio por la felicidad ajena, quienes se muerden los labios hasta sangrar cuando alguien alcanza sus objetivos, quienes arañan la parte inferior de sus sillas cuando huelen tu victoria.

Digamos que fue a partir del kilo – 6 más o menos, cuando empezaron a dirigírseme miradas contritas y lastimeras. Miradas de personas que me dedicaron frases como “-  ¡¡Ay... qué viejo se te ve!!” o “¡¡Uy... has estado enfermo!!”... o “¡Mmm.... se te ve tan arrugado ... parece que hayas cumplido los setenta!"
Lo que no saben es que a mí eso me enorgullece, me ayuda a perseverar, a mantenerme ahí, a sentirme mejor conmigo mismo... En el fondo, pienso que si se les ve tanto el plumero debe ser porque se me debe ver estupendo.

A mí no me cuesta nada decirle a alguien que se ha adelgazado, que se le ve mejor... que es fascinante que haya aprobado el examen de “Proctología y letras”... que desde que lleva esa pamela verde con frutas exóticas en la cúspide, se le ve más triunfante...  Mis padres me educaron para que siempre fuera amable con la gente, para que fuera agradecido con mis semejantes, para que valorara los logros de las personas que me rodean... Pero sobre todo para que supiese que no hay envidia sana posible, y que si la sintiese, que me mordiera la lengua y sonriera.

También he recibido silencio, por supuesto; silencios dignísimos porque no todo es bazofia en mi entorno. Al fin y al cabo, quien te ve cada día es más difícil que valore que agujero del cinturón estás usando. 
Y no pasa nada... aunque entiendo que mis – 9,6 kilos son tan evidentes que me pegunto si me hubiera encontrado con tanto silencio si en lugar de kilos hubiera perdido un ojo, la nariz, o me hubiera quedado calvo como una bombilla. Seguramente no, para la desgracia y para lo trágico siempre estamos a punto, aunque sólo sea para significarnos mejor que el otro.

En fin, en todo este proceso me quedo con dos cosas; con quienes abiertamente han seguido mi deslipidización y ahora se alegran al verme mejor conmigo mismo (son mis amigos de verdad en definitiva), y también me quedo con la frase que me dijo ayer mi dietista; - ¡Esto si que es un triunfo!

A la espera quedo de que se pronuncie el pedazo de mierda pútrida que hace medio año me agarró el michelin para decirme: - ¡Como te estás poniendo!
Pero tengo paciencia... ya vendrás bonita.

3 comentaris:

  1. Ho entenc perfectament. Hi ha molta enveja i mala llet!! A mi m'ha passat però en el cas contrari... Jo he guanyat pes ,cosa que em senta millor,però ara no hi ha manera que ningú em digui res...Això si , abans era constant la frase de " Estás más delgado,no?"... "te has adelgadazo,verdad? Al final no te vamos a ver??" Todo ello acompañado con cara de asco y de "ay pobre que le estará pasando" Ahora ni mú.

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  2. hay personas que les debería explotar la lenguan antes de decir idioteces

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  3. Anònim, posiblemente se haría un gran silencio. Tanto por miedo a la explosión, como por lenguas ya explotadas.

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