diumenge, 10 de febrer de 2013

"Mamá" (2013)


He visto “Mamá” (2013). Más allá del argumento o de las interpretaciones, me gustaría centrarme en la frase del cartel de la película: “El amor de una madre es para siempre”. A vueltas con el amor materno que mueve el mundo.

Hace ya tiempo, mucho tiempo, en un debate de aquellos con cierto rigor y sin verduleríos, un debate nocturno claro está, escuché algo que todavía recuerdo. Sin duda es lo único que recuerdo de cuando Belén Esteban aun era una niña. Fue una frase de la simpar Pilar Rahola. Eran los tiempos de una Rahola política, junto a aquel defenestrado Àngel Colom, más comprometida con el feminismo y que lucía menos escote abisal. No sé porqué he dicho esto del escote, tal vez porque en el debate feminista ha sido siempre complicado ver escotes donde caben bombonas de butano.

Decía el señor de turno algo así como que; qué suerte la de las mujeres, quienes son capaces de albergar vida en su interior, de crearla, de sentirla, y de parirla. Que él se descubría ante el hecho de la maternidad y que la envidiaba a raudales.
Bueno, este señor no hizo otra cosa que subrayar una vez más el gran argumento que desde la voz masculina y basándose en lo biológico, ha permitido siempre la reducción de la mujer al ámbito de lo doméstico. Dicho de otro modo: a fregar platos y a cambiar pañales.

La Rahola espetó al contertuliano de turno diciéndole que ya bastaba de blandir ese argumentito tan rancio de la maternidad como hecho diferencial, porque eso había permitido a los hombres durante milenios vivir muy bien y menoscabar el protagonismo social y político de las mujeres. Este último es un argumento que se blande desde lo feminista desde los años cincuenta del siglo pasado.

Y en 2013 las cosas han mejorado en la apariencia pero no en la esencia. Ahora nos movemos por una especie de sistemas de cuotas femeninas que se han incorporado a nuestra manera de funcionar como sociedad, pero en esencia, ya ven que desde las grandes pantallas de cine se inoculan mensajes como “El amor de una madre es para siempre”. Una obviedad, sin dudarlo, pero también es para siempre el amor de un padre, el de una abuela, el de tía Pura, el de un perro... La particularidad de esta frase es que sigue redundando en los mismos argumentos de siempre, en el “nena, lo tuyo es cambiar pañales y fregar platos”.

A mí es que me indignan esas frasecitas muletilla porque menoscaban otros amores posibles, tan o más intensos si caben, que van más allá del parir biológico.  Por una parte porque ciertamente minusvaloran el amor paterno, pero por otro, tontas, que parece que no os dais cuenta, porque reproducen el discurso de toda la vida que reduce el protagonismo femenino al ámbito puramente doméstico y familiar. Os decimos que sois unas heroínas del pañal y vosotras os dais golpes en el pecho, vaya.

Y en este sentido “Mamá” toma como práctica el de cepillarse a todo padre posible para convertir a las madres en sendas luchadoras en el barro por el control de unas niñas desquiciadas. No digo más porque no quiero desvelar nada.

Práctica que ya funciona en “Lo imposible”, por cierto. Al padre lo mandan a tomar viento con dos, subrayo dos, niños a su cargo para focalizar la película en la madre y en su súper hijo mayor, y en una relación que se acaba volviendo edípica. No sé muy bien como interpretarla; no sé si trasluce a un niño patriarca o a un niño potencialmente gay.
Hace una semanas por facebook circulaba una foto de una madre con cara de extasiada que mecía entre su brazos a un bebe de semanas de edad. La foto lucía la siguiente frase: “¿Hay algo más protector que el abrazo de una madre?”. Y a partir de esa frase los “Me gusta” se contaban por millares, apostillados casi siempre por otras de madres arrebatadas de todo el mundo. Yo también contesté diciendo: “Sí, el de un padre”. Para evitar leer insultos no volví a consultar ese “post” pero seguramente me pondrían suave.

Después recapacité y pensé que yo también había caído en la trampa al basar mi breve participación en el rancio y arcaico argumento del padre protector del bienestar de madre e hijo/a. Otra trampa que fundamenta el funcionamiento de toda sociedad patriarcal.

Y es que no innovamos nada, todo está inventado ya, ciertamente. Seguimos perpetuando imágenes atávicas de padres cazadores y recolectores y madres que amamantan a todas horas. Lo único que innovamos es que con el paso de los siglos a la imagen del “amamante” le hemos dado una pátina de modernidad llamándole matriarcado. No obstante, no nos engañemos, este es un matriarcado inventado y consentido por hombres que continúan la insignificación de las mujeres más allá de los ámbitos domésticos. Y lo hacen a través de frases, o conductas, lapidarias que bombardean nuestro imaginario desde las grandes pantallas de cine. Así que menos golpes en el pecho y a ver si espabiláis.







dilluns, 14 de gener de 2013

"Lincoln"



Quisiera retomar el hilo de mi blog hablándoles de “Lincoln”, la película. Le aseguro que hacía mucho tiempo que no veía una cosa tan abúlica como ésta de la que les hablo. Miren, en resumen, va de las cábalas guerreras del Abraham Lincoln más político, del hombre-esposo-padre, de los dimes y diretes parlamentarios sobre la decimotercera enmienda a la Constitución americana, de las rivalidades entre la América del Norte ufana e industrial, y la del Sur, esclavista y anquilosada en el pasado... y de poca cosa más.

Pasa por alto el Lincoln menos humano, a quien se la soplaba un poco el tema de la esclavitud, porque su propósito no era otro que exportar el desarrollismo industrial del XVIII norteño a los Estados del Sur. ¿Cómo iban a crecer con histeria descontrolada unos Estados cuya fuerza motriz de su economía era la mano de obra negra?
A los del Norte no les bastó su expansión hacia el oeste, allí había vacío. Bueno no, había indios, pero al oeste lo llamaron “terra nullis” para esquivarlos y poder hacer allí de las suyas a sus anchas. Es decir que se las ingeniaron para hacerse creer que eran tierras sin nadie. Aun con todo, tenían que tocar lo que no sonaba a los Estados del Sur. Que la economía de estos últimos estuviera más orientada a los intercambios con Europa no favorecía mucho el desarrollo de un mercado interior americano. Y eso cabreaba de lo lindo a los Estados del Norte, a la par unionistas hasta la médula.

Si de paso todo esto tenía que costarle la vida a un milloncejo de americanos... pues qué se le va a hacer.

También hubiera estado bien un epílogo que acabara por explicarlo absolutamente todo. Claro que entonces el final hubiera sido más prosaico. Hubiera estado bien explicar que la decimotercera enmienda fue papel mojado, un antecedente, sí, pero paja. Los gobiernos del Sur se lo montaron para que en lugar de esclavos se les llamara obreros, pero que en resumidas cuentas aun estuvieran peor. ¿Se imaginan cinco millones de negros sin saber adonde ir y en busca de trabajo? Pues como en España, cinco millones de parados dejándose tomar el pelo por empresarios infames.

¡Ah! Y en el Norte también había y hubo esclavos. Ni unos eran tan modernos ni los otros tan carcas.

Se tuvieron que esperar cien años justos hasta que un tal Martin Luther King sí que consiguió la derogación de las leyes que favorecieron la segregación racial. Entonces sí que fueron “equals”. Hasta entonces, ya saben, palicitas a los negros, autobuses, cines, médicos, sandalias... para negros, que oiga usted, que es negra y que me ha hecho sombra y ahora me duele... En resumen, hasta entonces, la sociedad americana no estaba preparada para creerse eso de la 13ª enmienda, ni Lincoln se la creyó. A partir de entonces, los sesenta.

Lo que más me indigna es que me tomen el pelo. Me indigna que el director de cine de turno haga una película con vistas a mantener su mega poltrona intacta en los “óscars”, y que uno no pueda partirle la cara luego por semejante tomadura de pelo. Porque lo que sí que es “Lincoln” es una mierda con sombrero. Tediosa, aburrida, abúlica, soporífera... muy mala. Superficial,  y dura nada menos que ¡¡142 minutos!! Un horror.

A mí es que me entra la claustrofobia tanto rato en el cine engullendo engendro. Lo que pasa es que estas lagartas saben que lo que tienen entre las manos es vapor de agua y la película se salva por las interpretaciones, por los decorados, vestuarios... y otros motivos florales. Bueno no, las interpretaciones de Daniel Day-Lewis, Sally Field, o Tommy Lee Jones no tienen nada de floral, son soberbias.
De hacerla bien, Spielberg hubiera necesitado 300 minutos de metraje, pero tal como lo hizo con 90 minutos le hubiera sobrado.
A Spielberg no se le da bien el tema de la esclavitud, es un tema que tiene ahí enquistado. ¿Alguien recuerda “Amistad”? No, nadie la recuerda ya. De “Parque Jurásico” nos pasamos ya a “Salvar al soldado Ryan”.

En fin, apabullante. ¡No la vean! Si quieren un buen producto que desentraña los recovecos de la Guerra Civil Americana con suma fidelidad, recuperen la serie “Norte y Sur”. Me dicen luego. 


dimarts, 28 d’agost de 2012

La España Botejara (y II)




Escribo esto a pesar de que soy consciente de que a alguno no le va a hacer ninguna gracia lo que digo, no lo va a entender, me va a creer un ceporro, incluso puede que bautice a mis progenitores con bastos adjetivos. Pero es lo que hay y así lo cuento.

Hace unos días en el aeropuerto de Cancún, dentro del finger que nos conducía al avión, después de algunos largos momentos de espera impaciente a que nos llamaran al embarque, y enfrentándonos a 10 horas de vuelo trasatlántico, una señora exclamó: “¡Que ganas tengo de pisar tierra española!”

No sé exactamente como expresarlo, pero me sentí agredido. O dicho de otra forma; hirieron mi sensibilidad. Evidentemente exclamé en voz alta, y en catalán, algunas frescas para que la vocera de turno supiera que en aquel finger no todo el mundo se sentía henchido de alegría por pisar tierras españolas embutido en tal ardor patrio. Probablemente incluso, aquella señora de rubio oxigenado tuviera más razón que una santa puesto que el vuelo aterrizaba en Madrid,  pero es que ya estaba hasta los huevos de que durante 12 días todo el mundo me recordara que soy español. Políticamente español, quiero decir.

Hasta los huevos estaba, por ejemplo, de que en los autocares que nos conducían a las diversas excursiones por la Riviera Maya, el personal estallara en algarabías incontenibles cada vez que el guía les identificaba como españoles, habida cuenta de que compartíamos espacio con otros grupos de Latinoamérica. Otros grupos que mucho me cuestiono si en algún momento no se preguntaron: “¿Y de qué tanto orgullo? ... de la Roja será... porque del legado cultural que nos dejasteis... ¿Porqué no os suicidáis ya de una vez?”
El mismo personal supongo que sería, que salió bailando la conga de las ruinas mayas de Tulum... ¡Imagínense su interés por la ruinas mayas! (Les juro que esto es cierto porque lo vieron mis ojos, no me lo dijo Adela) ¡Tristísimo!

Hasta los huevos de que me metan en el mismo saco indiferente a mis sentimientos. Porque lo que está claro es que, pese a quien le pese, diga lo que diga el presidente de la Comunidad de Extremadura, o lo que dicte la sacra Constitución Española, yo no me siento, en modo alguno, español. Es más, podría asegurarles que a veces me avergüenzo de que mi documentación oficial lo pregone. Lo siento amigos, ódienme por ello, insúltenme, hackéenme como si de la misma Tsering Woeser [1] me tratara, pero esta es la realidad de mi sentir inalienable.

Y es por esta razón que en este preciso instante aquest blog deixa de parlar en castellà. Com aquella excusa que va fer servir l’Andreu Buenafuente quan va renunciar a un premi ondas per no haver de compartir l’escenari amb Jimenez Losantos, també jo dic que no tinc prou nivell com per a poder sentir-me orgullós de ser espanyol. Em conformo doncs, en ser només català.

Renuncio a una audiència potencial de 500 milions d’hispanoparlants, per reduir-la a 11 milions [2], ho sé, però a mi ja m’està bé.  Ara em quedo més tranquil.  Escriure en la meva llengua materna és la única forma que se m’acut ara de fer nacionalisme excloent, si, de diferenciar-me de grups humans que ballen la conga al damunt de la història dels altres.



[1] Tsering Woeser és una escriptora tibetana que escriu a un blog on denuncia les atrocitats que comet el govern xinès amb el poble tibetà. El seu blog ha estat repetidament boicotejat però Woeser n’obre sempre un altre de nou. Recomano la lectura del seu llibre “El Tibet trenca el seu silenci” editat a Lleida a 2008 per editorial Pagés. És tracta d’una recopilació d’entrades del seu blog.

[2] Segons la publicació The Ethnologue: Languages of the World  (2009).


diumenge, 15 de juliol de 2012

La España Botejara



Me sorprenden sobremanera las reacciones contra los últimos recortes de Rajoy, reacciones bastante lánguidas, por cierto. Creo que en este país somos capaces de ser mucho más apasionados, por ejemplo cuando “la roja” marca un gol; un mensaje muy bien recogido en Europa, lo que les permite concretar cual es el foco de nuestras preocupaciones.

Me sorprende porque cuando uno votó PP, votó la esperanza de un cambio en términos de política económica que podía reconducir España por la senda de la recuperación, sí, pero muy botejara tuvo que ser si a la vez no pensó, y no lo pensó, que también votó una forma de hacer política.

A mí lo de los recortes me toca lo que no suena, pero asumo que el PSOE hubiera hecho lo mismo. A España se le ha prestado miles de millones de euros que han surgido de un fondo generado con el aporte de todos los europeos, y como pasa en cualquier otro tipo de préstamo, Europa pide avales. Es lógico ¿no?

Aun con todo, que ahora los funcionarios de Madrid la estén liando parda por lo de la extra de Navidad, me parece de un cinismo que toca la cúspide celestial. Miren, tradicionalmente Madrid, ciudad que recuerdo que es Villa con todas las connotaciones que esta palabra conlleva, es ciudad ministerial, muy poco “obrera” por lo tanto (sepan leer la palabra “obrera” como sinónimo de “industrial”), lo cual le ha permitido identificarse tradicionalmente con la España menos reivindicativa y más conservadora. Esto es así y a mí me parece bien. Cada cual...

Pero de ahí ha pensar que vivir bajo el ala del PP durante las últimas décadas les iba a hacer inmunes a recortes, es de un ilusorio muy extravagante. Lo siento chicos, pero disfrutad ahora de lo que habéis votado.

Pero más allá de esto de los recortes, a la España de los Botejara le preocupó muy poco votar a un partido que ahora se muestra fiel a su estructura, a su ideario, a su trayectoria, a todo su ADN. ¿Alguien por el camino olvidó lo del “no a la guerra” de Aznar, por ejemplo? ¿O ha olvidado quizá esa doble vía de investigación con respecto a los atentados de Atocha? ¿Cómo alarmarse ahora porque el PP ha mentido al aplicar medidas que en modo alguno estaban en su programa electoral?

¿Como sorprenderse por el tono chulesco de Montoro al amenazar constantemente con intervenir a las autonomías deficitarias, las más “peperas” por cierto, pero también a otras como Catalunya, la vaca de la teta de oro? ¿Como rasgarse las vestiduras al ver a esa tribu cañí aplaudiendo desbordada ante un Rajoy, héroe de gestas míticas, cuya guinda fue el “que se jodan” de la pija de turno? ¿Quien espera dimisiones, ahora que un núcleo duro e inexpugnable se va configurando de nuevo y que asegura que “sabemos que van a haber movilizaciones en las calles”, “no nos van a doblegar”, “no tenemos nada de que avergonzarnos”?

¿Quien ha sido tan ingenuo de pensar que tras esto no surgiría un gobierno reaccionario que poco va a aceptar la movilización en la calle?

¿Como se sorprende el Govern de la Generalitat ante un PP que exporta la mierda a las Comunidades Autónomas más ricachonas bajo la amenaza implícita de una contundente re-centralización del Estado?  ¿A que espera, por cierto, el Govern para empezar a mirar a Europa porque sino éstas se nos vendrán encima?

La España del PP es la que es, y el PP es el partido que siempre ha sido; el que ha tenido, por ejemplo, la enorme desfachatez de plantear un recorte sin precedentes a los desempleados, en lugar de prestarles mayor apoyo a la luz de las perspectivas de empleo en este país. Esa es la imagen, y eso es lo que tenemos ahora por lo que hemos votado. Y no sirve de nada mirar al otro y decir que yo no he sido, que ha sido él, porque en un marco de democracia, todos hemos votado PP, y todos estamos disfrutando de este marco botejara.

Eso sí; ¡Viva “la roja”! y ¡Aupa la Esteban!

diumenge, 13 de maig de 2012

Me colé en una fiesta

Agradezco la pregunta, nadie aun lo había hecho.

Pues sí, me gustó, me pareció divina. Un viaje al pasado en toda regla. De repente cada tema te sitúa en un contexto, en el que lo cantaste o bailaste. De pronto uno se ve en su adolescencia cargando entre los brazos con una carpeta en la que enganchó la portada de un single de MECANO, junto a otras fotos recortadas de algunas revistas de la época como “Súper pop”. Una carpeta que todavía conservo entre otros fetiches de mi tierna juventud. Ese “Me colé en una fiesta” te pasea de nuevo por el Vall d’Hebrón camino del instituto donde lo que estaba de moda eran tópicos de adolescencia como Bowie, Jagger, Santana o Paco Ibañez. No me cayó ninguna bolsa de agua después de todo, pero se puso tanto en duda mi identidad sexual; tanto como yo pensaba de otros que eran pura estética piojosa; tanto que me hacían bostezar.

“Todos los recuerdos de mi habitación, están escondidos al fondo de la estación, todos los momentos que pasé leyendo cuentos, están solos”... ¿Qué se habrá hecho de aquella “Estación” que ahora nunca canta la Torroja? Fue importante para mí. Quizá por eso siempre la echo de menos en sus conciertos.

Años más tarde me casé. Permítanme el sarcasmo pero en este sentido creo que también “me colé en una fiesta”. Decidimos, mi esposa Bárbara Bush y yo, sustituir el sempiterno himno nupcial por “¿Dónde está el país de las hadas?”. A alguien le sonó tan atronador que comentó si era el himno nacional. Para mi fue perfecto, pese a que ahora pienso que en mi vida todavía sigo buscando hadas. Un tema también olvidado ahora por la Torroja, lo cual es lógico porque era un tema instrumental.

Y ese sórdido “Japón” que tantas veces me permitió meterme el ritmo necesario de una cadena de montaje. “Entre miles de tornillos viven en Japón, son más de un millón, donde sale el sol”. Menuda letra boba, pero tan eléctrica que cantarla en voz baja me ponía las pilas cada 6 a.m.

Que osada juventud nos invadía entonces, cuando Bárbara embarazada de cinco meses se plantó en primera fila de un estadio de fútbol, acordonada por su hermano y por mí, pretendiendo que así se paraba una avalancha que por suerte para la existencia de mi hija, nunca se produjo. Finales de los 80 debía ser, años ya del “Descanso Dominical”. Lo mejor de MECANO a años luz, diría cualquier fan. A años luz, pensando que otros trabajos de estos chicos ya se habían situado en el espacio infinito, dejando una nube de gases de ignición sobre la “movida madrileña”. Tantos, que en sus conciertos, siempre sustituyeron “Quédate en Madrid” por “Quédate en Barcelona”. ¡Qué narices con lo de la movida madrileña!

Y es que la Torroja siempre nos lleva a MECANO. Salvo honrosísimas excepciones como “Sonrisa” o “Ya no te quiero” o “Como sueñan las sirenas” o “Duele el amor”, la Torroja es MECANO, y ella lo sabe. No es Alaska, quien dijo en un concierto, cuando se disponía a cantar un tema antiguo: “- Esta es la única concesión al pasado”. Es Ana Torroja, y la Torroja nos puso en bandeja nuestro propio pasado en el Palau de la Música. Sin complejos. Lo de la otra fue pura arrogancia. Porque eso queremos sus fans, porque de eso vive ella que es sabia.

En fin, ver a esta cincuentona en escena es un gustazo siempre. Es pura electricidad. Es darte cuenta de que el tiempo pasa pero que el recuerdo siempre queda. Te quedan las letras, una por una, en la cabeza; sin mella, sin vacíos, sin dudas, sin una coma de menos.

El público, su público, entregado a tope. Este debe de ser uno de los tópicos más manidos cuando uno se remite a un concierto al que fue. Pero es cierto, incluso el tópico de las “mariquitas” de gimnasio que enloquecidas bailan por la platea, impertérritas al bochorno ajeno que provocan. ¡Ay que pesados, que pesados! O el pesado soy yo, no lo sé.

De una cincuentona me voy a otra y en breve la tercera; les cuento en junio que tal con Madonna. Les dejo un clip. Gócenlo.

diumenge, 29 d’abril de 2012

De paseo por aquí.

Después de un tiempo de abandono, me he decidido a escribir unas líneas, aunque sólo sea porque no quiero que este blog se muera de aburrimiento. ¡Estoy tan ocupado!
Entre mis ocupaciones está que finalizando mi licenciatura universitaria, me planteo algunos proyectos de Master para el próximo curso. Como estoy bastante acostumbrado ya a que lo que pasa por mi mente no importe más que un bledo con enaguas, si alguien siente curiosidad, me lo dice que me explayaré a gusto y le abrumaré con detalles hasta el suicidio por ingestión masiva de barbitúricos.

Aprovecho pues este regresillo para contarles la última.

Resulta que un día, buscando desestresarme un poco, me fui de pululeo por la ciudad; de paseo sin rumbo fijo. Sí, ya sé que cuando uno quiere desestresarse lo más habitual es que se vaya al campo a esnifar margaritas, pero miren... esperen que les cuente.
El hecho es que ensimismado en mis pensamientos y en mis sueños, me salí de la ciudad sin darme cuenta. De pronto me vi en mitad de nada y sin la ciudad a mis espaldas, de tanto que había andado. Me entró un poco de turbación, para que negarlo, porque tenía yo mucho que hacer en lugar de estar perdido en plena nada. Anduve pues un poco más esperando cruzarme con algún aledaño que pudiera indicarme la parada de metro más cercana.

Pero en lontananza avisté un recinto amurallado que mucho me llamó la atención. Pensé que si me acercaba, escapando de los clásicos calderos de aceite hirviendo que nunca fueron verdad, tal vez pudiera encontrar un plano con una señal de “Usted está aquí”.

Al llegar, un enorme centinela con cara de pato me cerró el paso.

-        ¿A donde vas pedorro?
-        Hola centinela con cara de pato - Respondí yo con amabilidad. – Me pregunto si sería usted capaz de indicarme como demonios regresar a Barcelona desde este punto perdido de la mano de Dios.
-        ¡Ah pues muy fácil! Regrese usted por donde ha venido y se encontrará con tal urbe en un plis-plas. – Me dijo el cara de pato mientras se rascaba el culo.
-        ¿Podría usted decirme que es esta mole que se yergue ante mí, por demás inexpugnable? – Le pregunté yo, ya que estaba allí.
-        ¡Claro! Está usted en el “Sitio de las Madres”. ¿Quiere entrar?

Al oír lo del “Sitio de las Madres” di un respingo hacia atrás, un leve gemido de pavor escapó de mis adentros, un instinto de apretar a correr en dirección opuesta tan rápido como dieran de sí mis piernas me recorrió la columna vertebral, el más visceral de los terrores invadió mis intestinos.

Había leído algo sobre este “Sitio” en la prensa. Se construyó hacía unos años como resultado de la creciente oleada de chantajes emocionales que apisonaban a la población. El gobierno tomó la decisión de ubicar este espacio en medio de la nada, en un recinto fuertemente protegido de donde no pudiera escapar ni el aire. Allí se confinaron todas las madres de la conurbación tras ser absorbidas por un potente “aspirador de madres” construido a tal efecto por la NASA. Leí además que se aplicó el invento a otras ciudades para respiro de la sociedad en general: Nueva York, Londres, París, Móstoles... respiran ahora mejor sin madres.

Pero no se crean, se reparó en todo detalle. Se construyó a cada madre su propio hogar con enormes cestos con cerezas para que fueran removiendo de vez en cuando. Para sostener de alguna manera el instinto de manipulación, se pensó.

Este hecho ha marcado un hito histórico en todas las sociedades occidentales al poner de manifiesto que en esta decisión hubo aplastantes unanimidades parlamentarias. En España, sin ir más lejos, se votó mayoritariamente esta solución con los votos en contra, como no, de quienes eran madres. Cuentan los periodistas que estaban en el hemiciclo en esta jornada de votación, que tras aparecer los resultados en las pantallas corrió el cava a placer.

Y las lágrimas, claro; las de las madres diputadas, lo cual, por cierto, les resultó harto fácil. Tanto como inmunidad habían causado ya en el resto de Congreso.

En cuanto a mí, pues empecé a andar en dirección opuesta y ensimismado de nuevo en mis elucubraciones mentales, llegué de nuevo a casa.

Le dejo ahora con un clipito que me encanta. Se trata de uno de los temas que veremos, quienes lo veamos, si lo podemos ver, en el próximo eurovisivo. Es la canción rusa. Quizá este mismo tema cantado por chicos pletóricos de gimnasio y chicas con tetas de plástico me parecería una mierda. Visto así, me parece magistral. Les deseo una rotunda victoria.