dilluns, 14 de gener de 2013

"Lincoln"



Quisiera retomar el hilo de mi blog hablándoles de “Lincoln”, la película. Le aseguro que hacía mucho tiempo que no veía una cosa tan abúlica como ésta de la que les hablo. Miren, en resumen, va de las cábalas guerreras del Abraham Lincoln más político, del hombre-esposo-padre, de los dimes y diretes parlamentarios sobre la decimotercera enmienda a la Constitución americana, de las rivalidades entre la América del Norte ufana e industrial, y la del Sur, esclavista y anquilosada en el pasado... y de poca cosa más.

Pasa por alto el Lincoln menos humano, a quien se la soplaba un poco el tema de la esclavitud, porque su propósito no era otro que exportar el desarrollismo industrial del XVIII norteño a los Estados del Sur. ¿Cómo iban a crecer con histeria descontrolada unos Estados cuya fuerza motriz de su economía era la mano de obra negra?
A los del Norte no les bastó su expansión hacia el oeste, allí había vacío. Bueno no, había indios, pero al oeste lo llamaron “terra nullis” para esquivarlos y poder hacer allí de las suyas a sus anchas. Es decir que se las ingeniaron para hacerse creer que eran tierras sin nadie. Aun con todo, tenían que tocar lo que no sonaba a los Estados del Sur. Que la economía de estos últimos estuviera más orientada a los intercambios con Europa no favorecía mucho el desarrollo de un mercado interior americano. Y eso cabreaba de lo lindo a los Estados del Norte, a la par unionistas hasta la médula.

Si de paso todo esto tenía que costarle la vida a un milloncejo de americanos... pues qué se le va a hacer.

También hubiera estado bien un epílogo que acabara por explicarlo absolutamente todo. Claro que entonces el final hubiera sido más prosaico. Hubiera estado bien explicar que la decimotercera enmienda fue papel mojado, un antecedente, sí, pero paja. Los gobiernos del Sur se lo montaron para que en lugar de esclavos se les llamara obreros, pero que en resumidas cuentas aun estuvieran peor. ¿Se imaginan cinco millones de negros sin saber adonde ir y en busca de trabajo? Pues como en España, cinco millones de parados dejándose tomar el pelo por empresarios infames.

¡Ah! Y en el Norte también había y hubo esclavos. Ni unos eran tan modernos ni los otros tan carcas.

Se tuvieron que esperar cien años justos hasta que un tal Martin Luther King sí que consiguió la derogación de las leyes que favorecieron la segregación racial. Entonces sí que fueron “equals”. Hasta entonces, ya saben, palicitas a los negros, autobuses, cines, médicos, sandalias... para negros, que oiga usted, que es negra y que me ha hecho sombra y ahora me duele... En resumen, hasta entonces, la sociedad americana no estaba preparada para creerse eso de la 13ª enmienda, ni Lincoln se la creyó. A partir de entonces, los sesenta.

Lo que más me indigna es que me tomen el pelo. Me indigna que el director de cine de turno haga una película con vistas a mantener su mega poltrona intacta en los “óscars”, y que uno no pueda partirle la cara luego por semejante tomadura de pelo. Porque lo que sí que es “Lincoln” es una mierda con sombrero. Tediosa, aburrida, abúlica, soporífera... muy mala. Superficial,  y dura nada menos que ¡¡142 minutos!! Un horror.

A mí es que me entra la claustrofobia tanto rato en el cine engullendo engendro. Lo que pasa es que estas lagartas saben que lo que tienen entre las manos es vapor de agua y la película se salva por las interpretaciones, por los decorados, vestuarios... y otros motivos florales. Bueno no, las interpretaciones de Daniel Day-Lewis, Sally Field, o Tommy Lee Jones no tienen nada de floral, son soberbias.
De hacerla bien, Spielberg hubiera necesitado 300 minutos de metraje, pero tal como lo hizo con 90 minutos le hubiera sobrado.
A Spielberg no se le da bien el tema de la esclavitud, es un tema que tiene ahí enquistado. ¿Alguien recuerda “Amistad”? No, nadie la recuerda ya. De “Parque Jurásico” nos pasamos ya a “Salvar al soldado Ryan”.

En fin, apabullante. ¡No la vean! Si quieren un buen producto que desentraña los recovecos de la Guerra Civil Americana con suma fidelidad, recuperen la serie “Norte y Sur”. Me dicen luego.