dimecres, 28 de desembre de 2011

La casa de la pradera

Chinos

Esta mañana he ido a comprarme un azucarero a unos “chinos” del barrio. ¡Qué gente! ¡Qué barbaridad! ¡Qué desconfiadas! En seguida que he desaparecido de su radio de visión, ha acudido a mi lado una china comiendo fideos chinos, a orbitar como un tiburón. ¡Qué miedo que tienen a que les “sislen” algo!

Por un lado, entiendo que en las tiendas de “chinos”, donde trabajan normalmente un matrimonio, los hijos-as adolescentes, la abuela, la tía Marga (¿Cómo se dirá en chino “Marga”?), y desconocidos varios, incluso para el matrimonio original, deba de emplearse el exceso de mano de obra (barata) de algún modo. Así que; a orbitar como “sputniks”.

Pero por otro lado, no deja de ser un acto de supino engreimiento pensar que la gente del barrio se mete en un “chino” para “sislar”. Personalmente, para “sislar” me meteré, en todo caso, en “El Corte Inglés”, pero no en un “chino”. ¡Menuda mediocridad!

Además, la gente que va a comprar a un “chino” es gente humilde, personas que, como yo, aun sabiendo la porcina mediocridad de sus artículos, les va muy bien ahorrarse unos centavos, por lo que ya no entra en nuestras mentes “sislarles”.

En fin, saquemos una de esas conclusiones antropológicas e históricas que aburren tanto. Allá va:

Las chinas, como muchas otras partes del continente, en general los llamados no-occidentales, han detestado bastante las formas de vida de occidente; Europa y EEUU. Las han detestado bastante por una identificación histórica de occidente con el capitalismo, todo ello bajo la forma de un diablo con cola de fuego. Tal vez por lo inhumano del capitalismo que las chinas piensen que aquí y ahora, les vamos a la zaga. A “sislarles” vaya. A enriquecernos con sus prósperos negocios. ¡Ellas que son tan humildes!

Una conclusión un poco aventurera y desganada pero… ahí queda.