diumenge, 10 de febrer de 2013

"Mamá" (2013)


He visto “Mamá” (2013). Más allá del argumento o de las interpretaciones, me gustaría centrarme en la frase del cartel de la película: “El amor de una madre es para siempre”. A vueltas con el amor materno que mueve el mundo.

Hace ya tiempo, mucho tiempo, en un debate de aquellos con cierto rigor y sin verduleríos, un debate nocturno claro está, escuché algo que todavía recuerdo. Sin duda es lo único que recuerdo de cuando Belén Esteban aun era una niña. Fue una frase de la simpar Pilar Rahola. Eran los tiempos de una Rahola política, junto a aquel defenestrado Àngel Colom, más comprometida con el feminismo y que lucía menos escote abisal. No sé porqué he dicho esto del escote, tal vez porque en el debate feminista ha sido siempre complicado ver escotes donde caben bombonas de butano.

Decía el señor de turno algo así como que; qué suerte la de las mujeres, quienes son capaces de albergar vida en su interior, de crearla, de sentirla, y de parirla. Que él se descubría ante el hecho de la maternidad y que la envidiaba a raudales.
Bueno, este señor no hizo otra cosa que subrayar una vez más el gran argumento que desde la voz masculina y basándose en lo biológico, ha permitido siempre la reducción de la mujer al ámbito de lo doméstico. Dicho de otro modo: a fregar platos y a cambiar pañales.

La Rahola espetó al contertuliano de turno diciéndole que ya bastaba de blandir ese argumentito tan rancio de la maternidad como hecho diferencial, porque eso había permitido a los hombres durante milenios vivir muy bien y menoscabar el protagonismo social y político de las mujeres. Este último es un argumento que se blande desde lo feminista desde los años cincuenta del siglo pasado.

Y en 2013 las cosas han mejorado en la apariencia pero no en la esencia. Ahora nos movemos por una especie de sistemas de cuotas femeninas que se han incorporado a nuestra manera de funcionar como sociedad, pero en esencia, ya ven que desde las grandes pantallas de cine se inoculan mensajes como “El amor de una madre es para siempre”. Una obviedad, sin dudarlo, pero también es para siempre el amor de un padre, el de una abuela, el de tía Pura, el de un perro... La particularidad de esta frase es que sigue redundando en los mismos argumentos de siempre, en el “nena, lo tuyo es cambiar pañales y fregar platos”.

A mí es que me indignan esas frasecitas muletilla porque menoscaban otros amores posibles, tan o más intensos si caben, que van más allá del parir biológico.  Por una parte porque ciertamente minusvaloran el amor paterno, pero por otro, tontas, que parece que no os dais cuenta, porque reproducen el discurso de toda la vida que reduce el protagonismo femenino al ámbito puramente doméstico y familiar. Os decimos que sois unas heroínas del pañal y vosotras os dais golpes en el pecho, vaya.

Y en este sentido “Mamá” toma como práctica el de cepillarse a todo padre posible para convertir a las madres en sendas luchadoras en el barro por el control de unas niñas desquiciadas. No digo más porque no quiero desvelar nada.

Práctica que ya funciona en “Lo imposible”, por cierto. Al padre lo mandan a tomar viento con dos, subrayo dos, niños a su cargo para focalizar la película en la madre y en su súper hijo mayor, y en una relación que se acaba volviendo edípica. No sé muy bien como interpretarla; no sé si trasluce a un niño patriarca o a un niño potencialmente gay.
Hace una semanas por facebook circulaba una foto de una madre con cara de extasiada que mecía entre su brazos a un bebe de semanas de edad. La foto lucía la siguiente frase: “¿Hay algo más protector que el abrazo de una madre?”. Y a partir de esa frase los “Me gusta” se contaban por millares, apostillados casi siempre por otras de madres arrebatadas de todo el mundo. Yo también contesté diciendo: “Sí, el de un padre”. Para evitar leer insultos no volví a consultar ese “post” pero seguramente me pondrían suave.

Después recapacité y pensé que yo también había caído en la trampa al basar mi breve participación en el rancio y arcaico argumento del padre protector del bienestar de madre e hijo/a. Otra trampa que fundamenta el funcionamiento de toda sociedad patriarcal.

Y es que no innovamos nada, todo está inventado ya, ciertamente. Seguimos perpetuando imágenes atávicas de padres cazadores y recolectores y madres que amamantan a todas horas. Lo único que innovamos es que con el paso de los siglos a la imagen del “amamante” le hemos dado una pátina de modernidad llamándole matriarcado. No obstante, no nos engañemos, este es un matriarcado inventado y consentido por hombres que continúan la insignificación de las mujeres más allá de los ámbitos domésticos. Y lo hacen a través de frases, o conductas, lapidarias que bombardean nuestro imaginario desde las grandes pantallas de cine. Así que menos golpes en el pecho y a ver si espabiláis.







dilluns, 14 de gener de 2013

"Lincoln"



Quisiera retomar el hilo de mi blog hablándoles de “Lincoln”, la película. Le aseguro que hacía mucho tiempo que no veía una cosa tan abúlica como ésta de la que les hablo. Miren, en resumen, va de las cábalas guerreras del Abraham Lincoln más político, del hombre-esposo-padre, de los dimes y diretes parlamentarios sobre la decimotercera enmienda a la Constitución americana, de las rivalidades entre la América del Norte ufana e industrial, y la del Sur, esclavista y anquilosada en el pasado... y de poca cosa más.

Pasa por alto el Lincoln menos humano, a quien se la soplaba un poco el tema de la esclavitud, porque su propósito no era otro que exportar el desarrollismo industrial del XVIII norteño a los Estados del Sur. ¿Cómo iban a crecer con histeria descontrolada unos Estados cuya fuerza motriz de su economía era la mano de obra negra?
A los del Norte no les bastó su expansión hacia el oeste, allí había vacío. Bueno no, había indios, pero al oeste lo llamaron “terra nullis” para esquivarlos y poder hacer allí de las suyas a sus anchas. Es decir que se las ingeniaron para hacerse creer que eran tierras sin nadie. Aun con todo, tenían que tocar lo que no sonaba a los Estados del Sur. Que la economía de estos últimos estuviera más orientada a los intercambios con Europa no favorecía mucho el desarrollo de un mercado interior americano. Y eso cabreaba de lo lindo a los Estados del Norte, a la par unionistas hasta la médula.

Si de paso todo esto tenía que costarle la vida a un milloncejo de americanos... pues qué se le va a hacer.

También hubiera estado bien un epílogo que acabara por explicarlo absolutamente todo. Claro que entonces el final hubiera sido más prosaico. Hubiera estado bien explicar que la decimotercera enmienda fue papel mojado, un antecedente, sí, pero paja. Los gobiernos del Sur se lo montaron para que en lugar de esclavos se les llamara obreros, pero que en resumidas cuentas aun estuvieran peor. ¿Se imaginan cinco millones de negros sin saber adonde ir y en busca de trabajo? Pues como en España, cinco millones de parados dejándose tomar el pelo por empresarios infames.

¡Ah! Y en el Norte también había y hubo esclavos. Ni unos eran tan modernos ni los otros tan carcas.

Se tuvieron que esperar cien años justos hasta que un tal Martin Luther King sí que consiguió la derogación de las leyes que favorecieron la segregación racial. Entonces sí que fueron “equals”. Hasta entonces, ya saben, palicitas a los negros, autobuses, cines, médicos, sandalias... para negros, que oiga usted, que es negra y que me ha hecho sombra y ahora me duele... En resumen, hasta entonces, la sociedad americana no estaba preparada para creerse eso de la 13ª enmienda, ni Lincoln se la creyó. A partir de entonces, los sesenta.

Lo que más me indigna es que me tomen el pelo. Me indigna que el director de cine de turno haga una película con vistas a mantener su mega poltrona intacta en los “óscars”, y que uno no pueda partirle la cara luego por semejante tomadura de pelo. Porque lo que sí que es “Lincoln” es una mierda con sombrero. Tediosa, aburrida, abúlica, soporífera... muy mala. Superficial,  y dura nada menos que ¡¡142 minutos!! Un horror.

A mí es que me entra la claustrofobia tanto rato en el cine engullendo engendro. Lo que pasa es que estas lagartas saben que lo que tienen entre las manos es vapor de agua y la película se salva por las interpretaciones, por los decorados, vestuarios... y otros motivos florales. Bueno no, las interpretaciones de Daniel Day-Lewis, Sally Field, o Tommy Lee Jones no tienen nada de floral, son soberbias.
De hacerla bien, Spielberg hubiera necesitado 300 minutos de metraje, pero tal como lo hizo con 90 minutos le hubiera sobrado.
A Spielberg no se le da bien el tema de la esclavitud, es un tema que tiene ahí enquistado. ¿Alguien recuerda “Amistad”? No, nadie la recuerda ya. De “Parque Jurásico” nos pasamos ya a “Salvar al soldado Ryan”.

En fin, apabullante. ¡No la vean! Si quieren un buen producto que desentraña los recovecos de la Guerra Civil Americana con suma fidelidad, recuperen la serie “Norte y Sur”. Me dicen luego.