dimarts, 28 d’agost de 2012

La España Botejara (y II)




Escribo esto a pesar de que soy consciente de que a alguno no le va a hacer ninguna gracia lo que digo, no lo va a entender, me va a creer un ceporro, incluso puede que bautice a mis progenitores con bastos adjetivos. Pero es lo que hay y así lo cuento.

Hace unos días en el aeropuerto de Cancún, dentro del finger que nos conducía al avión, después de algunos largos momentos de espera impaciente a que nos llamaran al embarque, y enfrentándonos a 10 horas de vuelo trasatlántico, una señora exclamó: “¡Que ganas tengo de pisar tierra española!”

No sé exactamente como expresarlo, pero me sentí agredido. O dicho de otra forma; hirieron mi sensibilidad. Evidentemente exclamé en voz alta, y en catalán, algunas frescas para que la vocera de turno supiera que en aquel finger no todo el mundo se sentía henchido de alegría por pisar tierras españolas embutido en tal ardor patrio. Probablemente incluso, aquella señora de rubio oxigenado tuviera más razón que una santa puesto que el vuelo aterrizaba en Madrid,  pero es que ya estaba hasta los huevos de que durante 12 días todo el mundo me recordara que soy español. Políticamente español, quiero decir.

Hasta los huevos estaba, por ejemplo, de que en los autocares que nos conducían a las diversas excursiones por la Riviera Maya, el personal estallara en algarabías incontenibles cada vez que el guía les identificaba como españoles, habida cuenta de que compartíamos espacio con otros grupos de Latinoamérica. Otros grupos que mucho me cuestiono si en algún momento no se preguntaron: “¿Y de qué tanto orgullo? ... de la Roja será... porque del legado cultural que nos dejasteis... ¿Porqué no os suicidáis ya de una vez?”
El mismo personal supongo que sería, que salió bailando la conga de las ruinas mayas de Tulum... ¡Imagínense su interés por la ruinas mayas! (Les juro que esto es cierto porque lo vieron mis ojos, no me lo dijo Adela) ¡Tristísimo!

Hasta los huevos de que me metan en el mismo saco indiferente a mis sentimientos. Porque lo que está claro es que, pese a quien le pese, diga lo que diga el presidente de la Comunidad de Extremadura, o lo que dicte la sacra Constitución Española, yo no me siento, en modo alguno, español. Es más, podría asegurarles que a veces me avergüenzo de que mi documentación oficial lo pregone. Lo siento amigos, ódienme por ello, insúltenme, hackéenme como si de la misma Tsering Woeser [1] me tratara, pero esta es la realidad de mi sentir inalienable.

Y es por esta razón que en este preciso instante aquest blog deixa de parlar en castellà. Com aquella excusa que va fer servir l’Andreu Buenafuente quan va renunciar a un premi ondas per no haver de compartir l’escenari amb Jimenez Losantos, també jo dic que no tinc prou nivell com per a poder sentir-me orgullós de ser espanyol. Em conformo doncs, en ser només català.

Renuncio a una audiència potencial de 500 milions d’hispanoparlants, per reduir-la a 11 milions [2], ho sé, però a mi ja m’està bé.  Ara em quedo més tranquil.  Escriure en la meva llengua materna és la única forma que se m’acut ara de fer nacionalisme excloent, si, de diferenciar-me de grups humans que ballen la conga al damunt de la història dels altres.



[1] Tsering Woeser és una escriptora tibetana que escriu a un blog on denuncia les atrocitats que comet el govern xinès amb el poble tibetà. El seu blog ha estat repetidament boicotejat però Woeser n’obre sempre un altre de nou. Recomano la lectura del seu llibre “El Tibet trenca el seu silenci” editat a Lleida a 2008 per editorial Pagés. És tracta d’una recopilació d’entrades del seu blog.

[2] Segons la publicació The Ethnologue: Languages of the World  (2009).