dijous, 10 de febrer de 2011

UN CORTADO Y UNA SONRISA


Hace días que quiero escribir algo; algo desde el cabreo supino. Pero hoy he visto otra cosa que me ha llenado los ojos, y es esto lo que quiero contarles. Lo otro ya lo escribiré en otro momento, o quizá nunca. Da igual.

Esta mañana he llegado a las 7 a.m. a mi trabajo. Lo primero que he hecho ha sido salir a buscar un café en una de las máquinas que hay en las naves de Producción. Como es lógico a esas horas de la mañana en que ni las máquinas de café están despiertas, mi “24” ha tardado algunos segundos más de los habituales en descargarse. Entre tanto, mientras esperaba, mi vista se ha perdido en el final de la línea 5 de prensas, donde una chica recogía, inspeccionaba, y ubicaba piezas en un contenedor de salida.

Todos en nuestro puesto de trabajo acabamos desarrollando nuestras funciones de manera tan puramente mecánica que nuestro cuerpo acaba actuando por un lado, y la mente se nos va por otro. Yo que me he pasado muchos años en una cadena de montaje puedo asegurar que esto es así. Uno repasa mentalmente el cancionero de su grupo preferido, o recuerda un hecho cotidiano, o revive unas vacaciones, o recita la tabla de multiplicar del 14 mientras su cuerpo responde como un autómata. Lo mismo que cuando uno conduce, o friega los platos, o se hace una… bueno no, ahí no.

El hecho es que miraba a esta chica que les cuento, y observaba que más allá de sus manos y brazos, vivía en otra vida. Su vista seguía concentrada en las piezas que salían de la prensa, les pasaba cuidadosamente la mano buscando imperfecciones, y las colocaba después en el contenedor de salida, para empezar luego otro nuevo ciclo. Sin embargo; sonreía. Se quitaba entonces el guante y se tapaba la boca con la mano para sonreír más abiertamente. Luego continuaba con sus piezas y con sus funciones. Su mente estaba lejos. Muy lejos. Me habría paseado frente a ella totalmente desnudo y ni siquiera se habría echado a llorar con amargura. No estaba allí. ¿Dónde estaría su mente?

Quizá de vacaciones en Mallorca, o quizá recordando una acción de su hijo pequeño (esto último es muy probable porque recientemente ha sido madre). Tal vez un striptis de su marido, o una charla entre amigas, o podría ser que imaginara a su suegra cayéndose por las escaleras y partiéndose la crisma. ¿Por qué no? El pensamiento es libre. Es lo único verdaderamente libre que hay en nosotros.

Lo que a mí me llamó la atención, lo que me arrancó una sonrisa de ternura, lo que me llegó a lo más hondo, fue esa visión de la humanidad sin cosméticos. Esa inocencia que aflora en nosotros cuando nos vamos de nosotros mismos, cuando no nos sabemos observados, cuando actuamos sin interpretar requerimientos sociales.
Tanto es así, que descargado mi “24” aparté mi vista de la chica porque sentí que estaba invadiendo su “yo” más íntimo. Así que me fui a mi puesto de trabajo y empecé mi jornada laboral, aunque mucho más reconciliado con el mundo.

Son esos derroches de humanidad lo que más me seduce de las personas. Es en esa gestualidad espontánea cuando somos nosotros mismos y no lo que el resto de humanos espera de nosotros. Es cuando aflora nuestro “yo” más íntimo y personal, cuando no actuamos si no que nos movemos entre las bambalinas de nuestra propia existencia. Es de esos momentos en la vida en los que estamos solos, en los que somos únicos, en los que no hay más mundo fuera.

Son nuestros momentos. Somos nosotros mismos.  



NOTA: Dedico este post a la chica de la sonrisa.

4 comentaris:

  1. delicioso, y también delicioso es imaginar a la joven de la sonrisa, a esa nueva MONA LISA de la cadena de montajes... Te envidio.... qué curioso es envidiar a quien observa una persona en una cadena de montaje... Sí, esa persona que es capaz de sentir y escribir sobre algo tan absolutamente prosaico ES ENVIDIABLE!!!

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  2. Lo has explicado de cine. Tan bien, que creía que el que estaba sacando el café era yo. Un saludo!

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  3. Què bonic! És un post fins i tot poètic, diria jo. Podem estar acostumats a unes determinades tasques que ja realitzam de forma automàtica però cert que mos salva la ment, els records, els instants viscuts i, per què no?, la capacitat de poder somriure, a vegades sense adonar-nos, en un moment determinat, com ella :)

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