dijous, 21 d’octubre de 2010

Cruzar la calle

¿A ustedes no les chincha circular por la ciudad y verse de pronto detenido en un semáforo ante el paso de seis ancianitas reumáticas que lo cruzan, a la par que mientras tanto; conversan distraídas de sus cosas, se ajustan los refajos, y sueltan pedos a cada paso?  A mí no, la verdad es que no. Ahora ya he descubierto que puede haber algo más lento y horchatado que las abuelas reumáticas, las de los refajos y las de los pedos a cada paso, les digo.

Se trata de esa turba generacional de nuevos veinteañeros de DIR, subrayo que no toda esta nueva generación es turba de DIR, que cruzan los semáforos contemplativos, despacio, como de paseo, con la vista perdida en lontananza, quizá sin dejar de jugar con el móvil, tal vez liándose un pitillo de picadura barata, a lo sumo mirando provocadores la primera línea de vehículos detenidos a su paso. Son parte de la generación a la que hemos hecho creer que están por encima del mundo adulto. Por encima del bien y del mal incluso. Bellas personas sin duda, pero a quienes les hemos inculcado demasiado el mensaje de que son los mejores; de que el mundo entero se pone firme ante ellos hasta cuando cruzan una calle. De que los semáforos, si se trata de ellos, hasta verdes se ponen si es necesario.

Es esa juventud prepotente pero desmotivada que no ve estímulos frente a ella. Están como tristes, sin vida, como conteniendo las energías al cruzar un semáforo para cuando vengan tiempos mejores. Y es que se lo hemos puesto difícil, la verdad.

Los del “baby-boom” se lo pusimos todo en bandeja sin mesura. También sin explicarles el precio de las cosas; el que tienen y el que podrían llegar a tener si algo se tuerce por el camino. Igual que les preveníamos de que si soltaban el manillar de sus bicicletas podrían perder los dientes; no les explicamos que quizá llegara el momento en que tendrían que luchar como cosacos por conseguir cosas básicas en la vida, a saber, un hogar y una familia.

Bueno, quizá nosotros tampoco lo sabíamos. También los “boom” llegamos al mundo cobijados por una generación que las pasó putas en una España de post-guerra, y que se afanó por regalarnos aquellos de lo que ellos carecieron.
¡Caramba! A los veinte años uno tendría que ser capaz de cruzar una calle arrancando el asfalto en la estampida. Incluso pulverizando las líneas blancas del paso del cebra, dejando tras de sí millones de partículas de pintura blanca provocantes de sendos estornudos a los vecinos de la zona.

A los veinte años uno debería tener energía sobrada como para lanzarse como un “tomahawk” de un lado hacia otro de la calle, recalentando el asfaltado y fundiendo el alumbrado público ande las ondas. Que horas después aun hubiera señoras cuyos tacones quedaran hundidos bajo una masa infesta de alquitrán, boñigas de vaca y colillas de cigarros, y que tuvieran que cruzar la calle alumbrándose con sus mecheros.

Que desde lejos los autobuses se vieran obligados a frenar y a alertar a sus viajeros:

- “Señores pasajeros, les rogamos permanezcan en sus asientos. Agarren fuertemente a los niños, y quienes no vayan sentados rogamos se tiren al suelo bocabajo, cubriéndose la cabeza con las manos cruzadas en la nuca. Se recomienda a los que padezcan del corazón, que se endiñen la pastilla bajo la lengua…Un veinteañero que sale de un  DIR va a cruzar la calle pudiendo ocasionar graves turbulencias y desestabilizar fuertemente el vehículo. Gracias”.

Sí, ya sé, soy un exagerado. Sé que la mayoría de nuestra juventud, la de DIR y la de no DIR, es absolutamente maravillosa. Lo sé.  Por eso, y porque yo ya no tengo veinte años, creo que lo que quiero es transmitir el mensaje de que a los veinte años no se puede perder el tiempo cruzando las calles por los semáforos, tienen que aprender a sobrevolarlas, y a los veinte años eso puede hacerse.  

2 comentaris:

  1. Lamento no tener esos 20 años porque si ahora de repente un hada madrina me los diera, te aseguro que saldría absolutamente disparada para sobrevolarlo y si puede ser pulverizarlo a mi paso!!!! LO que más pe pica es que ahora que sé lo que vale un peine en cuestiones de vida, ya no tengo nada que peinar, y no es porque este calva, que de eso ni hablar... es porque ahora, precisamente ahora no tengo tiempo
    Buen final para tu post

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  2. A lo mejor es que tienen cuerpo joven y alma vieja.

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